Cómo llegaste

Ese día me encontraba fatal, llevaba semanas con mareos y cansada, pero ese lunes no podía parar de vomitar.
No tenía ganas de acudir a una revisión de rutina con la ginecóloga. Finalmente, me armé con bolsas de plástico y fui acompañada de tu hermana, a coger los dos autobuses necesarios hasta el hospital.
Dos paradas antes, tuvimos que bajar del autobús y seguir el trayecto caminando, no paraba de vomitar y no tenía más bolsas.
Me pasé el tiempo de espera en el baño pensando en mi mala suerte y la gatrointeritis tan fuerte que me había dado.
Entré en la consulta, revisaron mis trompas y mis ovarios...
Y te vi, eras del tamaño de una semilla, no había duda.
¡Estaba embarazada!
Lloré tanto mientras te miraba.
Te buscamos durante meses, ya no teníamos muchas esperanzas, pues yo tenía algunos problemas ginecológicos, así que fuiste realmente toda una sorpresa.

Como pude, disimulé mis lágrimas, quería tomarme unos días para decírselo a tu hermana.

Y me fui del hospital como había llegado, vomitando, esta vez con una felicidad inmensa, de nuevo, iba a ser mamá❤

Comentarios

Entradas populares de este blog

Lo que nunca leerás